10-09-2008

mentir

Recordaba con cariño una canción insigne de los 90, década que por lo demás le vió crecer en espíritu y cuerpo, cantaba los sones angolsajones como si fuesen de su propio idioma, no por el gran dominio del idioma foráneo, sino por la iteración casi demente del dichoso tema que convoca la presente divagación. Se trata principalmente de una declaración de principios, hecha por un tipejo trabajohólico que a fuerza de constancia se transformó sin querer en unos de los tantos íconos que el punk rock de los 80 cultivó en el viejo EEUU y supo proyectar hacia la década de los 90, que insistimos, es el marco temporal que le dió sentido musical a la vida del susodicho personaje, aquel que canta la canción como hace 10 años y sigue deleitándose con las frases de un mentiroso, quien sin mentir, confiesa su afición a ocultar verdades y generar ficciones argumentativas a las personas que le acompañan por el mero objetivo de hacerlo sencillamente porque se siente bien y lo seguirá haciendo mientras la imaginación le permita generar coloquios interesantes para gente de pocos dedos entre cejas y mollera.

Cantaba en la mañana en la micro camino al trabajo y tarareaba en el mediodía por los pasillos, repasaba el coro al entrar al trabajo luego del miserable almuerzo, recordaba lo que imaginaba cuando la escuchaba hace un tanto más que 10 años y no esperaba ya el momento de volver a oirla camino a casa, pues cuando los audífonos se posan en sus orejas, la música sale desde la cabeza hacia el cable y no al revés. Luego de la décima exposición, pudo por fin deducir lo evidente: había dedicado su vida a las mentiras, se ganaba el sueldo incluso contándolas con fervor adolescente cada mañana, a pesar de comprender que los discursos de los héroes históricos en momentos aciagos son ficciones y que las reconstrucciones de los mejores historiadores omiten realidades undamentales, creía cada día en lo que decía sobre todo cuando los ojos de los oyentes brillaban de emoción al verlo. Sabía perfectamente que cada hecho, proceso y estructura eran una falacia indecente, que jamás nunca nadie podría encontrar una utilidad al pasado, salvo morir de nostalgia, sin embargo, cada día contaba mentiras, a sabiendas, las contaba con emoción. Mientras recordaba aquella canción.

Liar de Rollins Band... I like it... I feel good... I lie again, and again, and I keep lying... I promise